1984. Un mencía
muy personal


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Diego Losada se forjó a sí mismo como enólogo y bodeguero, pero sobre todo se siente viticultor. Es en la viña donde disfruta de su labor y desde donde impone carácter e identidad a un mencía diferente y muy personal. ‘1984’ es su vino, pero también el año en el que empezó a escribir su historia.

RAFAEL BLANCO

Voy a seguir mi camino al margen de modas que van y vienen. Cuando empecé a desarrollar mi proyecto sabía muy bien qué quería hacer y también sabía cómo hacerlo, y de esa idea no me voy a desviar». Con suficiente experiencia previa y con convicciones ya muy definidas, Diego Losada hizo su primera elaboración con la vendimia de 2003, unas 3.000 botellas de un tinto con cinco meses de barrica que sorprendió por su presentación, pero sobre todo por su buena hechura. Aunque con el 2014 salta a las 7.000 botellas se impone prudencia: «No voy a crecer descontroladamente. Quiero hacer las cosas desde bases muy sólidas». El respaldo financiero del Grupo Eje Atlántico fue balsámico para este joven emprendedor que pudo afrontar pequeñas inversiones, básicamente en la ampliación de viñedo en otra zona del Bierzo.

Como el primero, el segundo 1984 nace de uvas de Mencíade viejas cepas del legado familiar ubicadas en Cacabelos y Villadecanes que Diego Losada vinifica en una pequeña bodega en Sorribas, con vendimia en la primera semana de septiembre y un perfil de vino «fresco, floral, de poca extracción y muy bajo grado alcohólico».

«Mi idea es que no pase nunca de trece y, si pueden ser doce, mejor, porque es más bebible. Hay que partir de la idea de que vendemos botellas y, si el vino puesto en una mesa no satura, es posible que tras la primera se pida una segunda», reflexiona.

«Están cambiando las cosas en el Bierzo hacia ese patrón de vinos más atlánticos, más parecidos a los gallegos, con un punto más de frescura y uno menos de grado alcohólico. Y yo estoy en esa idea y en la de acercarme a un nuevo público, que lo hay y crecerá, por esa vía y la de la calidad, no por la comercial», afirma este joven vitivinicultor con ideas también muy definidas en cuanto al trabajo en el campo. Esa es una labor que desarrolla de manera exclusivamente personal y «al margen de convencionalismos», aunque eso suponga «mayor laboriosidad». «No importa el tiempo que tenga que estar en el viñedo, es algo que me gusta y que me divierte —afirma—. Trabajo bajo el empeño de crear en la viña un ecosistema vivo, sin herbicidas de ningún tipo, ni sistémicos... es decir, una agricultura totalmente ecológica y profundamente respetuosa con la tradición y el medio ambiente».

BODEGAS Y VIÑEDOS LA SENDA

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C/ Carretera de Cacabelos, 11. Sorribas

A las dos hectáreas de viñedo de propiedad suma ahora Diego Losada otra hectárea y media que compone a partir de un puzle de seis pequeñas parcelas, diminutas al-gunas de ellas. Las descubrió en un paraje del Bierzo que mira a Galicia y que tradi-cionalmente enviaba a ese mercado toda la vendimia. Santalla es uno de los más bellos balcones de la comarca y sobre una ladera que cae al sur, en un entorno de anorme belleza a los pies del castillo de Corullón, se conservan viejísimas cepas de entre 60 y 80 años, tortuosamente orde-nadas en una anárquica paleta varietal en la que la Mencía se mezcla con las también tintas Sousón y Garnacha, y las blancas Godello, Doña Blanca, Palomino, Treixadura y... Alsacia. La idea de hacer un vino libre de ataduras, uno de aquellos ‘claretes’ históricos del Bierzo que envuelva todo eso seduce al joven Diego Losada. «Se trata de respetar lo que hay y ver qué sale de esa receta tradicional de elaboración. De hacer un vino como el de antes», afirma. Algo que de momento está en la memoria de los más viejos y en los sueños de quien restaura esas viñas.

Calificación: DO Bierzo. Tipo: Tinto. Variedad: Mencía. Envejecimiento: 5 meses. Graduación alcohólica: 13º. Servicio: 16-17 grados. Consumo: En dos o tres años. Producción: 7.000 botellas. Precio en bodega: 6,00 euros

■  Es decolor cereza picota intenso con perfiles cardenalicios.
■  Explosión aromática frutal que apenas dejan intuir los aromas de tostados finos de buen roble.
■  Redondo, sabroso y con buena asociación de la fruta en convivencia con la madera. Estructurado. Vino moderno, joven y goloso.