De viaje a… Cistierna


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Renace de su pasado en medio de una espectacular naturaleza. Se ha convertido en tierra de sendas, de caminos entre sotos y restos arqueológicos, de lugar de disfrute. Conserva la huella de Roma, la traza del ferrocarril que cambio su historia y un pasado de esplendor ligado a la minería. Es proverbial su gastronomía, recuperada ahora la olla ferroviaria. Es el paraíso de senderistas, montañeros y deportistas en busca de aventura. Por tierra, aire y río.

SUSANA VERGARA PEDREIRA

Es tierra esta de larga historia. El lugar donde vivieron las tribus rebeldes que disputaron a Roma su conquista, la patria de los Vadinienses, pueblo guerrero que plantó batalla a las mismísimas legiones. Antes de que llegaran, fue frontera entre cántabros y astures. Luego Roma ordenó construir una calzada de Mansilla a Riaño por la que extender primero la guerra y luego la paz, por donde extraer el cobre y llevar después sustento. Fue así como, a contracorriente del Esla, una vez derrotada la asediada Lancia, las tropas romanas avanzaron por una vía militar y cambiaron para siempre la historia de esta tierra. Y fue así como recibió su nombre, ‘Cisterna’, el aljibe donde se almacena el agua. Y no sólo por los regueros, no porque esté atravesado de norte a sur por el Esla, no por el canal que recorre toda la villa y que conserva nombres prerromanos del agua, no por los neveros del Peñacorada, el Moro o el Cerroso, no sólo por todo eso. También porque su orografía, llana y con forma de cuenco, sirvió de lavadero de un preciado mineral, más que el oro, más que cualquier otro, el cobre, con el que moldear las armas de la conquista. En Cistierna lavaban el mineral que habían arrancado en estado puro de Lois y Anciles. Tal vez de ahí el interés de Roma por estas tierras, que fueron refugio, exilio y sepultura de nativos y rebeldes.

Luego la historia transformó el ardor guerrero en otras conquistas. Nace aquí el linaje del que desciende el Cid Campeador y se levantan castillos, ermitas y monasterios. Fue creciendo hasta convertirse en cabeza del municipio, privilegio que arrancó a Modino, hasta que a finales del siglo XIX otro mineral transforma de nuevo Cistierna. Se abre la tierra para extraer carbón y se araña el territorio para extender la vía férrea, que marca para siempre su historia. Desde la configuración del pueblo a su gastronomía, de la que es gloria la olla ferroviaria, que ponían a cocer lentamente los maquinistas de los trenes mientras duraba el viaje y luego degustaban en la estación y que ahora se sirve en sus restaurantes.

Fueron tiempos de esplendor hasta que en 1991 cierra Hulleras de Sabero y todo se convierte en tierra de exilio otra vez.

La desaparición de la minería devuelve sin embargo a Cistierna a la suerte de su naturaleza, de un paisaje único refugio de la flora y la fauna de la montaña leonesa.

Se aprecia a simple vista, transitando si se quiere por las seis rutas que el Ayuntamiento ha abierto recorriendo la historia del municipio, caminos circulares que parten del pueblo y regresan a él, en los que es posible un paseo natural, una caminata tranquila pisando a tramos caminos empedrados ya por Roma, recorridos por los pastores, entre praderas y bosques, salpicados de sotos y arroyos, pasando por los torrejones, motas artificiales levantadas con tierra prensada y piedra menuda a modo de fortificaciones, o recorriendo el pasado minero y también el artístico a través de sus iglesias y ermitas. Es Cistierna además el paraíso de los deportes de aventura, el lugar ideal para hacer rutas en bici, que brinda una auténtica aventura por el corazón de la Montaña Oriental leonesa, o practicar piragüismo, escalada o golf en el primer campo municipal, rústico y ecológico federado en León en medio de un espectacular monte poblado de robles centenarios. Hay también un circuito de karts en Vidanes y hasta se pueden practicar juegos de guerra con la asociación de Air-Soft Cistierna. Y después, visitar la joya de su Museo del Ferroviario, que contiene la historia del municipio ligada a la del tren, pasear por su calles, transitar por la ruta Vadiniense del Camino de Santiago o degustar una buena carne roja.

Larga historia la de Cistierna. De todo ello queda constancia. Del canal que aún se mantiene atravesando el pueblo, de las lápidas funerarias de los guerreros cántabros, del legado empedrado de Roma, del pasado minero, de su sabrosa gastronomía y, sobre todo, de su imponente naturaleza.

El 'cuenco' en el que se asienta la villa sirvió de lavadero para el oro y el cobre que los romanos extrajeron en Lois y Anciles.