De viaje a…
el paraíso de las BTT


www.diariodeleon.es
Recorren los caminos que pisaron los romanos, y antes que ellos cántabros y astures. Siguen la huella de la legiones y de las tribus rebeldes. Ahora a pedales. Entre bosques y restos arqueológicos, en un territorio bendecido por la naturaleza. Es la ruta perimetral de Peñacorada. Maravilla natural, paraíso de las BTT. En Cistierna.

DZ11P4F3-19-17-41-1En bici hasta el lugar donde vivió el santo
Fue una ermita, el lugar que eligió un santo de nombre Guillermo para llorar la destrucción del monasterio de Sahagún. En ese lugar se alza ahora un santuario en honor a la Virgen de la Velilla, a la que acuden en rogativa los vecinos de la montaña.

S.V.P.

Domina imponente el paisaje el macizo de Peñacorada, cumbres míticas de León que se alzan por encima de los 1.800 metros. A su sombra se traza una de las rutas privilegiadas para practicar el ciclismo de montaña. Es la ruta perimetral de Peñacorada, en Cistierna, que recorre parajes únicos en la vieja tierra de Vadinia, el último lugar donde cántabros y astures plantaron batalla a las legiones.

Si se hace completa, hasta 50 kilómetros de sendero entre bosques de pino, monte alto y hayedos con tanta historia como esta tierra de conquista. Porque el camino pasa entre restos arqueológicos, viejas fortificaciones defensivas, puentes que antaño fueron lugar de tránsito y veredas que se cruzan. Paisaje de mil colores en este otoño tan suave que más que anunciar el invierno, proclama una inesperada primavera.

Una invitación a recorrer una senda en la que no se atisba ni un copo de nieve aún, un buen momento para ensayar el reto que cada primavera reúne en Cistierna a cientos de ciclistas dispuestos a poner a prueba su resistencia y medirse en un paisaje espectacular.

La ruta arranca del centro de Cistierna y ofrece la posibilidad de tomar atajos que la acortan. Mil opciones para disfrutar de la naturaleza entre pistas, senderos y algún tramo de carretera, cruzando arroyos, lomas, puentes y colladas, rodeando siempre el macizo de Peñacorada, que divide la cuenca del Esla y el Cea.

Si se va con acompañantes poco aficionados a las BTT, Cistierna les brinda suaves senderos donde practicar la marcha, incluso con niños. El más afamado, la Huella de las Legiones, siete kilómetros y medio y poco más de dos horas de recorrido que arranca de la Fuente del Coro, en Fuentes de Peñacorada, y transcurre sobre una de las calzadas romanas mejor conservadas de la provincia. Si hay fuerzas, se puede ascender hasta el Castillo de Monteagudo, baluarte defensivo del viejo Reino de León, atravesar un milenario hayedo de increíble belleza, un robledal con ejemplares varias veces centenarios y pequeños puentes de troncos o de piedra.

Es refugio de especies únicas y aguas cristalinas. Si el caminante guarda silencio, escuchará el rumor de los arroyos y el canto del pico mediano antes de regresar al pueblo. Puede el viajero elegir otras sendas, la del Castillo de Aguilar, la de la peña el Castro o quizá la Ruta de las Minas, todas de menos de tres horas de caminata, todas entre imponentes paisajes. O ascender a Peñacorada, si hay preparación, una subida de dificultad media que lleva algo más de cinco horas siguiendo los hitos de piedra que señalan el camino hasta la cumbre, cerca del cielo, a 1.832 metros de altura.

Esperan al viajero la mejor de las despensas en su descenso desde los parajes de la montaña. Suculentos platos condimentados con el saber de antaño. Embutidos curados al frío de estos picos y guisos acompañados por carne o caza, migas y sopas de ajo, y la mítica olla ferroviaria, que ponían a cocer lentamente los maquinistas de los trenes mientras duraba el viaje de vía estrecha y luego degustaban en la estación o en los vagones y que ahora se sirve en restaurantes.

Tiempo de disfrutar en tierra de larga historia, donde Roma ordenó construir una calzada de Mansilla a Riaño por la que extender primero la guerra y luego la paz, por donde extraer el cobre y llevar después sustento, paraje que sirvió de lavadero de un preciado mineral, el cobre, con el que moldear las armas de la conquista, linaje del que desciende el Cid Campeador, territorio en el que se levantaron castillos, ermitas y monasterios, paraíso natural donde es posible la aventura.