De viaje a Fabero


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Rutas como la minera, la de los castros o la de los molinos convierten al municipio en uno de los núcleos turísticos más importantes y desarrollados de todo el Bierzo. Áreas recreativas, rincones con encanto y un patrimonio arquitectónico único aguardan pacientes a ser redescubiertos

R. BARROCAL

Núcleo minero sobre el que se asentaron las más importantes explotaciones carboníferas nacionales, el municipio de Fabero ha sabido adaptarse como pocos a la paulatina desaparición de la actividad minera apostando por el turismo como importante eje económico.

Un turismo de calidad en el que abundan las rutas de senderismo, la arquitectura popular, las áreas recreativas para disfrute de grandes y pequeños, así como una gastronomía singular que recoge lo mejor del Bierzo.

Además del propio Fabero, integran el municipio Lillo del Bierzo, Bárcena de la Abadía, Otero de los Naraguantes, Fontoria y San Pedro de Paradela. Todos y cada uno de ellos bien merecen una parada en este particular viaje.

Lillo fue un castro prerromano, y como las demás localidades su origen es agrícola. De esa tradición sus habitantes se empeñan en conservar la mítica maja que recuperan año tras año. Su camping se encuentra emplazado en un mirador natural, desde el cual podemos contemplar las montañas próximas y disfrutar de la preciosas vistas naturales que ofrece.

De Otero de los Naraguantes destacan sus molinos y el área recreativa, que invita al paseo y al descanso. Los amantes del arte no deben perderse la Iglesia de San Juan Bautista.

El recorrido continúa por Bárcena, pequeña y encantadora localidad que se ve surcada por varias fuentes y arroyos. Siguiendo la vera del río nos lleva a lugares recónditos de extraordinaria belleza natural, que se pueden contemplar a la misma entrada del pueblo observando su magnífica pradera, popular por la fiesta de Santa Isabel que acaban de celebrar en julio.

A la entrada de Fontoria encontramos una forma finca dedicada al ocio, en la cual contemplamos con admiración unos exóticos animales, para luego ascender por la carretera que lleva al mismo pueblo, no sin antes pararse a admirar la puerta hacia los Ancares desde un improvisado mirador natural.

San Pedro es el núcleo que mejor ha conservado las tipologías arquitectónicas representativas del Alto Bierzo, debido a su aislamiento del resto del municipio. Una gran fuente en el centro de la plaza sirve de lugar de reunión. Un poco más abajo encontramos su bella iglesia rodeada de naturaleza, que conserva su torre de espadaña, y junto a ella una casa restaurada para el turismo rural nos sirve de referencia de las construcciones típicas de la zona.

El abanico de rutas turísticas es más que amplio, pero una de las recomendables es la minera, que entre otras cosas muestra la Mina de Negrín, la Mina Alicia, las explotaciones a cielo abierto o las antracitas de Fabero. Y si la minería es clave en el paisaje de la zona, no se quedan atrás los molinos. Siguiendo su ruta pueden contemplarse el de Bárcena, San Pedro, Fabero y el de Argayo, entre muchos otros. Por último, destaca la Ruta de los Castros, entre los que cabe destacar El Castro de Chano, excepcional yacimiento arqueológico, localizado en el pueblo del mismo nombre, en el que se ha logrado conservar y preservar el paso del tiempo.

Otros rincones con encanto de Fabero son el Barrio del Mercadillo, considerado como una de las zonas más antiguas de Fabero, en el que se nos recuerda su origen agrícola y ganadero; los palomares —uno situado en el casco antiguo de Fabero y otro en el cercano pueblo de Otero de Naraguantes—; y por último el Lavadero de la Raicina, anecdótico lavadero emplazado en un lugar recóndito, muy próximo a la iglesia nueva de San Nicolás. Pensiones, apartamentos, casas rurales y campings garantizan el mejor alojamiento.