De viaje a la huella de las legiones


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Hablan sus caminos de un pasado indudable. Pasos que transitaron no sólo los pastores y sus rebaños. En piedra, sobre la tierra misma, se abre paso la grandeza de Roma. Es ‘La Huella de las Legiones’, una de las rutas de senderismo que permiten conocer la historia de Cistierna. Un pasado latente en medio de un paisaje agreste e imponente.

SUSANA VERGARA PEDREIRA

Trazaron su camino en las faldas mismas del Peñacorada, la mole pétrea que se venera en estas tierras. Por aquel entonces, era tierra de nadie y de todos, territorio fronterizo entre cántabros, astures y vacceos, objetivo militar de Roma.

Los ingenieros de las legiones trazaron un camino serpeante directo a los castros rebeldes. Sortearon las montañas, preludio de la naturaleza agreste de los Picos de Europa, pero no se intimidaron ante su grandeza aunque cuesta trabajo imaginar que no se rindieran a su belleza.

En el año 25 aC. los romanos toman la ciudad astur de Lancia y comienzan la construcción de una calzada al corazón mismo de la resistencia. Una vía empedrada a contracorriente del Astura, el ‘padre Esla’. Desde la ciudad sitiada, en el llano del río, hasta los puertos que anunciaban territorios por conquistar. Roma en busca del hogar de los belicosos indígenas que se negaban a ser sometidos.

Cuentan las crónicas que César Augusto en persona abrió las puertas del templo de Jano y dirigió la operación militar.

Fue así como las legiones dejaron aquí su huella. Caminos empedrados que muestran que no fue sólo tierra de pastores y rebaños. Losas, muros y puentes que hablan del empeño de la conquista. Se conserva a tramos el enlosado primitivo de piedra, los potentes muros de contención y el terreno ensanchado a la roca madre.

No debió de ser un paseo militar aunque ahora esté convertido en sendero para paseantes. Y en invierno, es posible imaginar en la piel el frío de los combatientes, persiguiendo en las montañas al enemigo, ganando metros al tiempo para asegurar fronteras y pacificar el Imperio, o guerreando para proteger a sus descendientes y mantener su libertad.

Recorrer esa historia es posible siguiendo ‘La Huella de las Legiones’, una de las míticas rutas de Cistierna, la población asentada sobre un ‘cesto’ natural del terreno, de ahí su nombre, el lugar que Roma usó para lavar los minerales arrancados de la montaña leonesa, el cobre vital para mantener un imperio.

Arranca la ruta en Fuentes de Peñacorada camino del castro vadiniense de Castiello y del Campurrial, a los pies del mítico Peñacorada y sus 1.835 metros, atravesando puentes de piedra y de troncos fosilizados, pasando ruinas romanas y pisando sobre empedrados que se vuelven sendero en los bosques, verde puro sobre la tierra que escondió durante milenios el tesoro del Paleozoico, el carbón que hizo rico el valle y luego lo hizo sucumbir. Un paseo surcando los caminos en los que dejaron su huella las legiones.

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