De viaje a… Puebla de Lillo


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Capital del esquí leonés, el oro blanco que cubre sus montes nutre de turistas la zona al abrigo de la estación invernal de San Isidro 

PABLO RIOJA BERROCAL

Tierra de contrastes, de naturaleza viva y tradiciones que se agarran a su torreón para mantener al menos un álito de vida, Puebla de Lillo cambia de color cual camaleón según el antojo del caprichoso calendario. Y ahora, más que nunca, luce el blanco con esplendor y orgullo. Blanco en sus calles, pero sobre todo en sus cumbres, donde algunos no dudan en asegurar que más que nieve, lo que cae es oro.

Un oro que atrae turismo a la cercana estación de San Isidro, principal reclamo de la zona durante el invierno y parte de la primavera. Y es que según se sabía esta misma semana, las copiosas nevadas caídas han hecho que la instalación alargue su temporada de esquí hasta finales de abril. Llegados de numerosos puntos del país, sobre todo del noroeste, los amantes de este deporte se encuentran con más de una decena de remontes para dejarse caer, pistas de diferentes dificultades y todos los servicios que requiere una estación modélica. Pero es que además, San Isidro es también una estación de alta montaña, ubicada en un paraje singular, de gran belleza paisajística al lado de los Picos de Europa y en un entorno medioambiental único. En las épocas del año en las que no hay nieve, es un magnífico observatorio del deambular de los rebecos por las cumbres de las montañas.

Pero Puebla ofrece mucho más al visitante, tanto al que llega a sus fronteras por primera vez, como el que repite. Merece un aparte su torreón, situado en plena localidad, que simboliza la modernidad y las aspiraciones de futuro que tiene la comarca. Esta construcción circular de grandes muros de mampostería es lo único que queda del gran castillo que debió señorear estas tierras en la Edad Media. En la planta baja del Torreón se ubica la Oficina de Turismo, abierta a visitantes, viajeros, peregrinos y turistas que buscan en estas tierras descanso, pero también riesgo, aventura y actividades deportivas y de ocio en general. las otras dos plantas se reservan para actividades municipales polivalentes, como salas de exposiciones, salones de actos, para actividades sociales y de tipo asociativo, etcétera.

También allí se aloja el Centro de Interpretación de Picos de Europa, que se encarga de ofrecer información detallada sobre el Parque Regional, sus características, fauna, flora y actividades relacionadas con el senderismo, montañismo, acampadas, pesca y caza.

Otra de las joyas de Puebla es su pinar, ejemplo de vida en plena naturaleza. Se cree que puede tener cerca de 4.000 años de antigüedad, sin duda uno de los más singulares del sur de Europa.

Entre sus rutas están las que conducen a otros dos de sus parajes más hermosos; el lago Isoba y al lago Ausente. Aunque tampoco se quedan atrás la senda de Entrevados, la ruta de la Cervatina, la del Tronisco o la de la Biesca, entre otras.

CASA DEL PARQUE
Se encuentra en un torreón medieval que ha visto cómo el paisaje, las casas y la gente de su pueblo han evolucionado a lo largo de la historia. Dividido en varias plantas, acoge salas de exposiciones, salones de actos, para actividades sociales y de tipo asociativo, así como la oficina de Turismo, entre otras muchas más cosas.

EL PINAR
Con cerca de 4.000 años de antigüedad, el Pinar de Lillo es uno de los más importantes a nivel nacional por sus árboles milenarios. Dentro de sus fronteras se asientan diversas turberas, formaciones vegetales que aumentan el valor natural del lugar. La representación micológica es igualmente rica y variada.

LAGO ISOBA
La ruta parte del final de Puebla de Lillo siguiendo el camino que va al depósito de agua dirección Cofiñal y alcanza la pista de tierra, desviándonos a la izquierda.El lago conecta la senda Entrevados-Valle-Pinzón. Recorre el tramo final de la cañada real leonesa que terminada en el puerto pirenáico situado en el lago. 

LAGO AUSENTE
Otra de las alternativas para los amantes del senderismo es recorrer la ruta del lago Ausente, que transcurre por los parajes de la alta montaña cantábrica, donde pueden conocerse de primera mano la vegetación y el paisaje de la zona. Además de cruzarse con parte de la estación de San Isidro, muestra los contrastes naturales de la zona.