De viaje a… Puebla de Lillo


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Desde que resurgió de sus cenizas, el Torreón de Puebla de Lillo se ha convertido en símbolo de una localidad que ha hecho del turismo rural su máximo exponente

R. BARROCAL

La vuelta a la vida del Torreón de Puebla de Lillo hace unos años —hoy reconvertido en Casa del Parque de Picos de Europa— supuso un nuevo impulso turístico para una localidad acostumbrada a dar cobijo a amantes del esquí durante la época invernal y a aquellos que han hecho de la naturaleza su gran espacio de ocio. Nieve y senderismo como reclamo. Una combinación perfecta a la que se suma este emblemático edificio testigo en su día de las luchas medievales entre los Condes de Luna y los marqueses de Astorga. En pie ya sólo queda esta construcción circular de piedra de lo que antaño debió ser un castillo medieval.

Dividida en tres plantas, esta casa del parque permite conocer la riqueza natural, tanto mineral como animal y vegetal de la zona de Picos, un mirador, una maqueta que reproduce el Parque Regional en toda su extensión, los valores históricos-artísticos y etnográficos de la zona así como varios testimonios de vecinos donde cuentan cómo es la vida cotidiana y costumbres del lugar. Además de todo ello, el viajero que se adentre por primera vez tendrá amplia información merced a numerosas fotografías, paneles y folletos de diversos niveles sobre todas las posibilidades que el entorno de Puebla de Lillo ofrece en materia medioambiental, pero también de las fiestas, tradiciones, costumbres, así como de la guía completa de lugares de diversión.

Uno de esos lugares míticos situados a pocos del pueblo es el Lago Isoba, que a través de una más que recomendable ruta muestra una antigua explotación de talco, la senda Entrevados-Valle-Pinzón y el propio lago, entre otras muchas maravillas naturales.

Precisamente desde la localidad de Isoba parte otra senda —cada vez más famosa entre los amantes del senderismo— que rodea al pico de San Justo a través del arroyo de Pinzón. Dos rutas que representan el rico patrimonio natural que se extiende a lo largo y ancho de Puebla de Lillo. Pero hay más. La Ruta de las Biescas, el Tronisco o la Senda de la Cervatina.
Otra de las joyas de Puebla es su pinar, ejemplo de vida en plena naturaleza. Se cree que puede tener cerca de 4.000 años de antigüedad, sin duda uno de los más singulares del sur de Europa.

Como comarca eminentemente ganadera durante siglos, Puebla de Lillo celebra dos ferias ganaderas, una en septiembre y la segunda en noviembre.

La feria de noviembre ha recobrado en los últimos años un fuerte impulso y se ha diversificado gracias a las Jornadas de la Matanza, que atraen a miles de visitantes para disfrutar de una tradición que ya se está perdiendo en muchas zonas rurales de la montaña: el rito de la matanza del cerdo.

La matanza del cerdo se hacía antes en los domicilios particulares y se celebraba con orujos y con la prueba asada o guisada del hígado, de la sangre, de las jijas y otras partes del animal.
Era la fiesta que anticipaba el duro invierno. Las familias se preparaban para desmenuzar el cerdo, cuya carne era la base de alimentación durante el resto del año.

Fotos: RAMIRO