De viaje a Toreno


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Rutas de senderismo, pinturas rupestres, castros celtas y romanos, naturaleza en estado puro y la riqueza paisajística que sólo El Bierzo puede albergar esperan impávidas al viajero que decida adentrarse en este municipio con fuertes raíces mineras

PABLO RIOJA BARROCAL

Encrucijada de caminos y enclavado en la comarca del Bierzo, Toreno ha sido y es una villa con historia ligada en gran parte a la minería aunque con numerosos recursos turísticos que atraen a cada vez más gente hasta sus fronteras. Pero para conocer mejor su historia es necesario retroceder hasta la Edad de Hierro y visitar las pinturas rupestres de Librán y San Pedro Mallo, unos grabados dignos de ver por su alto valor conceptual y la buena conservación que presentan.

Se esconden el en desfiladero de Bustillo, concretamente en el Buracón de los Mouros y la Escondida. El primero es una oquedad en la roca que da cobijo a variedad de pinturas —antropomorfas, zoomorfas y soliformes, entre otras—.

En cuanto a la Escondida, como bien indica su nombre, se encuentra agazapada y próxima a las aguas del río Pardamaza. Sus moradores más emblemáticos son mayoritariamente antropomorfos y zoomorfos.

Toreno es también tierra de rutas para los amantes del senderismo durante todo el año. Destacan especialmente cinco, cuyos recorridos oscilan entre los 8 y los 26 kilómetros. La primera de ellas, Toreno-Pardamaza, transcurre casi en su totalidad por trazado de carretera y presenta un recorrido fácil, apto para cualquier amante de los buenos paseos al aire libre. Podrán verse las huellas que ha dejado la minería en la zona y sus cielos abiertos para conducir hasta Entrepeñas o Portillas.

La segunda de las propuestas es la Matarrosa-Librán, una ruta interesante que acerca al viajero hasta Santa Leocadia de Castañeda y los restos de su monasterio. A continuación, dejamos atrás San Pedro malló para deleitarse con sus cascadas y cruzar el río Primout.

Mención aparte merece la Ruta de las Carpas, con salida de Toreno hacia un camino que recorre sendas, prados y bosques hasta toparse de bruces con el pantano de Bárcena. La Ruta de Aires de Gistredo, por su parte, guarda varias sorpresas como son Villar, su iglesia y las cataratas de la Devesa. Y como colofón a este abanico de oportunidades en pleno entorno natural, la Ruta de los Castros repasa algunos de los más singulares como pueden ser el Castro de Toreno, el de Tombrío, el de Robledo o el Castro de Finolledo.