De viaje a…
Villares de Órbigo


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Con Santiago como patrón y protector, no es de extrañar que la Ruta Jacobea alcance en el municipio una especial relevancia llegando a contar con dos sendas diferentes

PABLO RIOJA BARROCAL

El Camino de Santiago —al igual que ocurre en tantas localidades de la provincia— deja su particular sello en el municipio de Villares de Órbigo, que en su día contó con hospital de peregrinos y hoy presume de albergues tanto en Santibáñez como en el propio Villares, además de tener al apóstol como patrón y protector por si la cosa se pone fea. Prueba de ese arraigo con la Ruta Jacobea es que, a falta de una, son dos las sendas que lo cruzan; ya sea circulando en paralelo a la Nacional 120 o quizá profundizando en las gentes, campos, montes y lagunas de la ribera del Órbigo. Cualquier opción es buena, sólo hay que dejarse llevar.

Lo curioso es que se sea peregrino o no, este municipio enclavado en el centro de la provincia cuenta con razones de peso para atraer al turismo a lo largo del año. Monumentos como las iglesias de Villares —cabecera del municipio— Santibáñez o San Feliz, que además es famoso por su antiguo lavadero; los edificios de las escuelas, el Museo de los aperos o la tradicional Feria de Hortalizas y Legumbres —un referente gastronómico que cada penúltimo fin de semana de septiembre deja patente la calidad que son capaces de alcanzar los productos de la tierra leonesa— dan fe de aquí hay variedad y siempre algo nuevo que hacer. Además, pimientos, ajos, puerros, garbanzos o alubias son vendidos directamente por los agricultores en los mercados y ferias más importantes de León y provincias limítrofes.

No se quedan atrás otras joyas de su patrimonio como son la ermita de Moral de Órbigo, la fuente romana o los lavaderos de Valdeiglesias.

Y sin saber muy si es la afluencia de peregrinos en la zona o bien las fuertes raíces que conservan desde tiempos inmemoriales sus paisanos, lo cierto es que existe un profundo sentir religioso a lo largo y ancho del municipio.

Patrón es Santiago sí, pero especial devoción sienten allí por la virgen del Carmen, a la que acuden a ver en ‘cuerpo y alma’ hasta la antes mencionada iglesia parroquial de Villares de Órbigo. Otros santos venerados son San Pedro, San Miguel, Santa Ana, Santiago Mantequero o Santa Cruz. El agua se antoja como otro de los grandes atractivos. Canales y presas riegan la fértil vega, los molinos harineros, la Laguna Grande o la Laguna del Moral —embalse natural que recoge las aguas de los altos montes— pueden y deber ser visitados.

También la cultura sirve aquí como nexo de unión entre jóvenes y mayores, que viven sus tradiciones populares con gran fervor. Tradiciones como colocar el ‘mayo’ —una clara alusión a la agricultura— o el señalar con el ramo las casas de las mozas para llevarles después chocolate. Como suele ser habitual, toda palabra se queda corta y cualquier descripción es incapaz de reflejar las bondades que se esconden en Villares.  miles de curiosos cada año.