El milagro da a cuatro calles


www.diariodeleon.es
Se levanta entre Herreros, Capilla, Mercado y la explanada empedrada que la ciudad llama plaza del Grano. Tiene fachada a una calle tan corta que apenas dura unos metros y después toma el nombre de Puerta Moneda. Está en el barrio de los francos, de los hombres libres, comerciantes y cambistas de moneda que llegaron atraídos por la pujanza del reino. Es el santuario del Mercado, el de la Señora de León, la Virgen que devociona la ciudad. Nació de un milagro. Ahora espera otro.

SUSANA VERGARA PEDREIRA

Hace esquina a cuatro calles, una con dos nombres. Mejor dicho, a tres calles y una gran calva que fue campo y luego plaza. Fue un milagro y sigue siéndolo. Y lo es hasta que se mantenga en pie.

Que fue siempre lugar mágico, de devoción y recogimiento hasta donde se pierde la memoria lo cuenta la historia y la leyenda. Algo fascinante debe tener este enclave para atraer hasta él siglo tras siglo a tanta gente. A reyes y labriegos, a señores y siervos. Cuenta la leyenda que el 8 de febrero del año 560, un pastor que cuidaba a su rebaño descubrió la imagen de la Virgen entre unas zarzas. El prado era la plaza del Grano. Los espinos estaban en el lugar que ocupa la cruz de piedra. Esa aparición llevó a levantar allí mismo, a unos metros, una ermita. La primitiva iglesia del Mercado.

Los descampados se convirtieron en ciudad y el templo ha terminado teniendo cuatro esquinas. Da a la calle Herreros, tan corta que acaba llamándose Puerta Moneda, a la calle Capilla, a Mercado y a ese claro urbano que conserva intacto la esencia del viejo León que antes de ser urbe, y aún siendo ya patria de leyes, concilios, fueros y reyes, era un gran pueblón.

Conserva la plaza ese espíritu, las trazas de una historia que fue igual durante centurias y que ahora sólo puede rastrearse allí, donde antes se vendía mies y grano, donde se comerciaba con monedas y un apretón de manos, donde rondaba el amor de pago en la calle prohibida y los bueyes, vacas y caballos acampaban en espera de que acabase la jornada y fuera hora, a la caída del sol, del regreso a casa.

Que es cosa de historiadores este lugar por el que pasan ahora los ciudadanos y los peregrinos de este siglo queda claro en las placas del callejero. Herreros, que antes se llamó ‘frenería’, la calle de los freneros, los fabricantes o vendedores de frenos para caballos. Puerta Moneda, donde se instalaron los cambistas y monederos, fabricantes de moneda que acuñaban piezas de cobre, plata y oro y también los sellos y cuños que ordenaban los monarcas leoneses, ahí mismo, en mitad de la ruta que lleva a Santiago. Está luego Capilla, la callejuela que muestra el paso del tiempo pues basta asomarse a las escalerillas laterales para comprobar por dónde quedaba la ciudad, allá abajo, subida a base de cloacas y asfaltos, allá abajo, que podría parecer hasta infierno si uno se detiene a leer que lo que parece losa es en realidad tumba y lo que simula erosiones son las trazas de los nombres de los difuntos. Al otro lado, Mercado, callejuela también a la que dan las casa de dos alturas que durante siglos fueron costumbre aquí.

Cuentan que por el vano que se abrió en la muralla, por la Puerta Moneda, entró Fernando el Católico camino de la joya que quería regalarle a su esposa. Era de piedra. Era San Marcos, para cuya construcción en honor a Isabel la Católica donó el rey una cuantiosa fortuna en 1514. Y dicen que la iglesia en la que está la Señora de León, la del Camino, la Antigua, la que veneró siempre la gente de este solar fundado por los romanos, ante la que se postraron legiones de señoras y campesinas también señoras, a la que donó un manto bordado en oro y diamantes para unos pendientes la reina Isabel II, el primero intramuros que se encuentran los peregrinos al llegar a la ciudad, se levantó y sostuvo con el dinero de los francos, artesanos y comerciantes que se instalaron en esas calles, hombres libres que llegaron atraídos por la fortuna de la urbe regia, la capital de un poderoso reino. Luego el barrio fue cambiando, acogiendo a grandes señores y caballeros, a miembros del cabildo catedralicio y del clero, gentes que no tributaban pero compartían espacio con comerciantes y artesanos, zapateros, tejedores y sastres, carpinteros, caldereros y cuchilleros. Y siguió cambiando hasta llegar a hoy.

El santuario dedicado a Santa María, colocado en el Camino, en el barrio del Mercado, el templo de la Virgen a la que devociona la ciudad, la que se disputan los mozos del Mercado, hayan nacido o no en el barrio, hayan sido bautizados o no en la parroquia, cumplan o no la condición para ser bracero de la Señora aunque nadie pida partida de bautismo o carnet para hacerlo y no haya más comprobación que el silencio, el templo de la Antigua, el sobrenombre que la diferencia de la otra Virgen del Camino, necesita ahora ayuda. No resiste su tejado el peso de la nieve ni el paso de la lluvia. La iglesia que levantaron los hombres libres, los francos, los adinerados nuevos comerciantes de aquella incipiente ciudad, busca mecenas. El templo en el que postraron las reinas y sus damas y oraron en busca de prodigios divinos espera su milagro. ¿Habrá nobleza en la ciudad, en el barrio?

 
mercadoNofondo

La iglesia del Mercado, que da a Herreros, que se convierte más abajo en Puerta Moneda, a las calles Capilla y Mercado y a la plaza del Grano. El santuario necesita un arreglo de su tejado, que no soporta más la lluvia y la nieve. Busca mecenas para saldar el crédito de 48.000 euros para pagar las obras.RAMIRO