El teatro del poeta del XIX


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El telón neoclásico o el impresionante mural que corona el escenario son tan sólo dos de sus grandes atractivos. El paso del tiempo ha hecho mella en la estructura del Villafranquino pero no ha podido robarle la belleza romántica que lo hace único. Sus orígenes se remontan a 1843, a la par que la Sociedad de Teatro de Villafranca de la que formó parte el escritor que desde hace unos días le da nombre: Enrique Gil y Carrasco.

MARÍA CARRO

Es el teatro más antiguo que se conserva en la provincia de León y de ello dan fe unos versos escritos por Antonio Fernández Morales, uno de sus socios impulsores, en 1861. En sus Ensayos poéticos en dialecto berciano, éste escritor y poeta dedicó a Villafranca una oda que dice así: «Entrando logo na villa franca, garrida, sencilla que honores ten de ciudá, un castillo hacia Castilla o viaxeiro atopará. Atopará dulce trato, que regale seus deseos; tertulias, bailes, boato, café, teatro, paseos e cuanto pode ser grato». Palabras que atestiguan la existencia de un espacio que fue habilitado para ser teatro ya en 1843, según referencian también los estatutos de la Sociedad de Teatro de Villafranca, creada ese mismo año. Son estos, los orígenes del Villafranquino, que hace tan sólo unos días añadió a su nombre un apellido de altura: Enrique Gil y Carrasco.

El ahora denominado Teatro Villafranquino Enrique Gil y Carrasco —en honor a uno de sus vecinos más ilustres, coincidiendo con el cierre del Año Romántico conmemorado en todo el Bierzo para celebrar el bicentenario del nacimiento del escritor de El Señor de Bembibre— surgió en pleno auge del teatro romántico y ocupa un lugar destacado en el Consejo Histórico Artístico de Villafranca del Bierzo. Tal es la importancia de este edificio histórico construido dentro de la casa consistorial que el Ayuntamiento no sólo ha puesto en marcha un plan para devolverle el esplendor y la magia que el paso del tiempo le ha robado, sino que reivindica su inclusión entre los pocos teatros del XIX que aún hoy se conservan en España.

Es una joya arquitectónica que sorprende a quien los descubre tras los muros de piedra del edificio consistorial. Un pequeño gran teatro —tiene un aforo de 234 butacas— en el que sobresalen dos piezas de gran valor artístico: el telón neoclásico y el mural sobre el escenario firmado por Demetrio Monteserín.

Además de por ser el artífice de la novela histórica española por excelencia, villafranquino de nacimiento y de corazón, la Pequeña Compostela ha decidido honrar al escritor y poeta poniendo su nombre al teatro también porque su figura formó parte de los socios ‘corresponsales’ fundadores de la Sociedad de Teatro que dio forma y vida al Villafranquino. Personajes vinculados a la villa que impulsaron, con su prestigio, una iniciativa cultural de gran efervescencia. «Encabezó ese listado de socios corresponsales Pelegrín Saavedra, una conocida autoridad política y religiosa. Tras él, los escritores y poetas Enrique Gil y Fernández Morales; y el amigo y editor de las obras de Gil y Carrasco, Joaquín del Pino», destaca el Ayuntamiento en el informe llevado a Pleno para argumentar el cambio de nombre del ahora ‘Villafranquino Enrique Gil y Carrasco’.

Un teatro que, a lo largo de su historia, ha sido objeto de únicamente dos rehabilitaciones. Una se llevó a cabo en 1905 y la segunda en 2005. En la primera (1903-1905) se acometió un arreglo integral del espacio del interior de la casa consistorial que había comenzado a construirse en 1839, siempre respetando el estilo acorde a los cánones estéticos del romanticismo. La remodelación más reciente, hace ya once años, «inhabilitó la maquinaria de elevación del suelo», explicó el alcalde de Villafranca, José Manuel Pereira, considerando que «sería ideal rescatar esa elevación en una necesaria y nueva intervención que se realice en el futuro».

Hoy, el Teatro Villafranquino conserva la esencia del pasado, la belleza de su perfil romántico y el aura de un teatro histórico que fue, es y seguirá siendo centro neurálgico de la vida cultural de la villa. Porque el teatro «es la expresión literaria más completa de la época presente, la que más influjo está llamada a ejercer sobre la actual sociedad», ya escribió Gil y Carrasco en su papel de reconocido crítico teatral.

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El interior del Teatro Villafranquino Enrique Gil y Carrasco sorprende al espectador. El corte romántico de su arquitectura, el telón neoclásico y el mural sobre el escenario firmado por Demetrio Monteserín son los rasgos más destacados de un espacio al que se le atribuyó una función teatral a partir de 1843.L. DE LA MATA