El vestido de la primavera


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«Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos», escribió Pablo Neruda, describiendo en una sola frase uno de los momentos de mayor belleza de los que la naturaleza regala. Corullón es al Bierzo lo que el Jerte a Extremadura y ha empezado a aprovecharlo con la puesta en marcha de rutas guiadas entre cerezos en flor, que huelen a primavera, a sol, a la brisa de los primeros días más largos, al mejor Bierzo.

MARÍA J. ALONSO

Sin querer ser una imitación, pues Corullón tiene atributos y entidad suficiente como para defender personalidad propia y belleza más que sobrada; el entorno natural y agrícola que rodea a este municipio berciano bien recuerda en estas fechas —cuando la primavera asoma y con ella sus olores y colores— al Valle del Jerte extremeño, que cada año despide al invierno con una explosión sensorial atribuible a la vistosa floración de los cerezos que encandila a vecinos y foráneos. Lo mismo sucede en Corullón. Casi 900 hectáreas de terreno agrícola donde el cerezo convive con otros cultivos convierten la imagen aérea de este municipio en un manto blanquecino de belleza inigualable, también visible desde el horizonte y a pie de campo.

Corullón tiene vida más que nunca en primavera. Una vida natural en la que las viñas también tienen mucho que decir.

Consciente de las potencialidades que ofrece el árbol que da lugar a uno de las frutas más demandadas del Bierzo, el Ayuntamiento de Corullón ha dado forma a una serie de rutas interpretativas que combinan un paseo entre la naturaleza poblada de cerezos, viñedos y castaños, con un recorrido por el no escaso patrimonio salpicado a su alrededor, como la iglesia de San Miguel, San Esteban o el castillo de los marqueses de Villafranca. Precisamente, con los propietarios de este último ha negociado la administración local la posibilidad de abrir sus puertas a los visitantes que deciden sumergirse en la fragancia de los cerezos en flor. Objetivo conseguido que unido al resto del paquete turístico ha cosechado ya grandes éxitos. Hace tan sólo una semana que se organizaron las dos primeras visitas guiadas, en las que cuarenta personas pudieron disfrutar de lo que este pequeño vergel ofrece.

«Corullón siempre estuvo a la vista, pero a la vez escondido y, ahora, con la iniciativa del Ayuntamiento, de la Asociación Cultural San Esteban y de los habitantes que vivimos día a día en este municipio, mostraremos poco a poco este paraje tan singular», destacó el alcalde, Luis Alberto Arias, quien recuerda su niñez siempre vinculada a los colores del campo que le vio crecer. El olor de la hierba fresca, recién cortada y de verde intenso; el sonido de los grillos, la brisa primaveral de media mañana, el aroma a hierba seca en la época de recogida y, por supuesto, la fragancia del cerezo, que llena cada rincón, sobre todo al atardecer, cuando el sol se esconde y el fresco gana terreno al calor.

Es belleza cuando florece, pero también cuando los pétalos comienzan a caer y, arrastrados por el viento, metaforizan una lluvia blanca que merece la pena ver. Después, el verde de las hojas gana terreno al blanco y da paso al rojizo de las primeras cerezas. Un juego de colores que sólo la naturaleza permite. Pasar del olfato al gusto es sólo cuestión de tiempo y —como recomienda el alcalde— «el mejor momento para probar las cerezas es después de alguna lluvia de mayo».

Todo ello es visible en la práctica totalidad de los pueblos que integran el municipio. Si bien es la cabecera, Corullón, la que más hectáreas de cerezos atesora, alrededor de 700; también Horta tiene cien y Dragonte 25 y Villagroy una veintena y Viariz una decena y Hornija cuenta hasta cinco.

Son dos, concretamente, las rutas que ha señalizado Corullón entre cerezos. Ambas son de baja dificultad y accesibles a todos los públicos, porque la idea es que cualquiera pueda disfrutar de este espectáculo natural. Una se ha dado en llamar ruta de los cerezos de San Martín y la otra de San Juan y Campelo. Las dos integran un paquete que completan otros dos itinerarios que aprovechan la floración pero que se centran más en el ya citado castillo y en el antiguo poblado minero de la Peña del Seo, de donde se extraía wolframio. Todo ello sin dejar de lado el enoturismo, vertebrado fundamentalmente en torno al proyecto desarrollado en Corullón por Descendientes de J. Palacios y que alcanzará el culmen con la construcción de una bodega diseñada por el arquitecto Rafael Moneo. Una obra que servirá —se mostró convencido el regidor— para «engrandecer» todavía más un municipio que ya de por si reúne grandes bondades.

Por lo tanto, el terreno rico de Corullón, donde confluyen todas las características necesarias para hacer próspera la agricultura, amplía sus horizontes con el fin de sacar partido al aspecto más poético de su agro. Turismo de naturaleza que no es más que un complemento de lo que debe ser la actividad principal: la explotación de unos cerezos que aguardan la autorización de la Junta de Castilla y León para producir fruto bajo un sello de calidad que se sumaría a los seis con los que ya cuenta el Bierzo —pera conferencia, manzana reineta, vino, botillo, castaña y pimiento asado—.

«Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos», escribió el poeta Pablo Neruda, describiendo en una sola frase el potencial y la belleza de unos árboles que en primavera muestran todo su esplendor. Y si hay alguien que sabe de floración de cerezos, esos son los japonés, que anualmente acuden en masa a parques y jardines para contemplar masivamente este regalo de la naturaleza. ‘Sakura’ le llaman y simboliza la belleza efímera, circunstancial. «Me gusta la primavera, ella me ofrece flores de cerezo; son pequeñas y duran muy poco, pero lo poco que duran es más que suficiente para llenar mi corazón de alegría», dicen algunas referencias poéticas niponas.

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