La dama del carbón


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Tiene nombre y fortaleza de mujer y ha podido resistir a los envites del tiempo, manteniendo la fidelidad de sus admiradores, gracias a esos caballeros de lagrimal ennegrecido que extrajeron de sus entrañas el venerado carbón. Las visitas anuales a su mina-museo y el interés que ha despertado para los expertos de las bellas artes el proyecto Ciam han dado al Pozo Julia de Fabero una segunda oportunidad. Julia cambia de muda y pasa del negro al color de la pintura

MARÍA CARRO
Abrió los ojos en los primeros años de la década de los 50 del siglo pasado y, como muchas de su especie, fue bautizada con nombre de mujer. Un hombre de origen latino, Julia, que como apuntan algunas referencias significa ‘de raíces fuertes’. Y fortaleza no le ha faltado a este pozo vertical enraizado en Fabero que, una vez alcanzada la eternidad —cualidad adquirida tras superar la plenitud de la madurez—, se enfrenta ahora a un proceso de reconversión, un cambio de muda para volver a resplandecer, cobijando en sus entrañas ya no el negro mineral que dio de comer a más de 3.500 familias en los últimos años de aquellos lúcidos 50; sino arte. Arte real, material e inmaterial, que suma atractivo a su faceta museística.

Cuatro décadas después de su nacimiento, Julia agotó su reserva. En 1991 llegó al final de su vida fértil y hubieron de pasar nada menos que 16 años hasta que un grupo de prejubilados mineros inició el proyecto museístico que ha convertido al pozo fundado por Diego Pérez en el emblema turístico de la cuenca. Pasear entre los vestigios de esta vetusta explotación, en la que sobresale su característico castillete, permite hacerse una idea de la vida que un día tuvo, del tránsito de robustos mineros de lagrimal ennegrecido y manos zurcidas por las grietas. De caballeros, incluso, a lomos de percherones que, antes de la mecanización de la minería, tiraban de los carros cargados de oro negro con la vista clavada siempre en la reina de un cuento que no es de hadas, sino de lucha.

Más de 200 visitas ha tenido el Pozo Julia en la Semana Santa que acaba de decir adiós y más de 2.000 se han contabilizado en el último año, esto teniendo en cuenta que únicamente se abre al público en puentes, festivos y fechas señaladas. Julia sigue teniendo admiradores, tantos como cuando fue venerada como la dama de la prosperidad. Del techo de la galería improvisada a los pies del castillete cuelgan impertérritos los ropajes que un día tuvieron movimiento. Una muda antigua, teñida del mismo color que el ojo de su portador, que en los últimos tiempo ha dado paso al color, al brillo de la pintura y la textura de la escultura que, de nuevo, este verano volverán a tomar la vieja explotación al albor del proyecto Ciam y en un momento clave, con la vista puesta en la posible declaración de Bien de Interés Cultural (BIC).

Julio y agosto han sido los meses elegidos para reconvertir a Julia en una galería de arte temporal. Hasta los pies mismo del emblemático castillete llegarán el pintor Antonio López, autor del famoso retrato de la familia real, al que dedicó una década de su vida y fue finalmente desvelado hace ahora dos años; y el escultor Julio López Fernández. Ambos impartirán sendos cursos dirigidos a estudiantes de Bellas de Artes y profesionales de esta materia en lo que será la antesala al desarrollo concreto del proyecto Ciam por el que ocho estudiantes becados por el Ayuntamiento de Fabero desarrollarán en las entrañas de Julia su actividad creativa para, más tarde, exponer todos los trabajos resultantes en sus instalaciones.

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ANA F. BARREDO