Más allá del oro blanco


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Fasgar cuenta apenas con seis historias vivas. Seis vecinos convertidos en improvisada familia que aguardan pacientes al verano para reencontrarse con sus viejos amigos. Y es que sus bellas construcciones en piedra, las cristalinas aguas del río Omaña, las rutas, el viejo Camino de Santiago o la ermita se convierten en el mejor reclamo durante la etapa estival.

PABLO RIOJA BARROCAL

Mientras el frío se impone —y aquí lo hace con total soberanía casi durante todo el año— Fasgar apenas cuenta con ‘seis historias’ vivas, seis vecinos deambulando por sus pedregosas calles que pese a no compartir apellidos bien podrían considerarse familia. El más mayor —relata Rossi— carga con ‘92 batallas’ y unas cuantas contiendas a sus espaldas, la benjamina —Candela— se convertía este curso en la primera pequeña matriculada en la escuela desde hacía cuatro décadas. Pronto habrá un séptimo habitante. Un retoño que asomará la cabeza a finales de año. «Nos hemos acostumbrado a vivir con poca gente, a ayudarnos en todo», asegura.

No es raro que el oro blanco cubra tejados, calles y accesos. Y más si viene con la fuerza del pasado invierno, que los mantuvo aislados del mundanal ruido durante varios días. Aunque no tienen problema en juntarse en cualquiera de sus casas al calor de la chimenea, los vecinos de Fasgar encuentran en el salón social su lugar preferido para verse las caras. Allí arreglan el mundo, su mundo. Ahora andan metidos en recuperar del olvido el viejo Camino de Santiago, que tenía en Fasgar un digno final de etapa. «Esta ruta alternativa que de un tiempo para acá ya siguen numerosos peregrinos está hoy marcada, pero necesitamos que las instituciones nos apoyen para mejorar la señalización», demanda Rossi, convencida de que el trazado puede revitalizar el turismo en la zona.

Un turismo, por cierto, que multiplica la vida del pueblo durante la etapa estival. «A partir de este fin de semana la localidad empezará a recibir gente, la mayor parte de ellos naturales de Fasgar que reabren sus casas en verano y también curiosos que aprovechan para hacer senderismo, hospedarse en la Casa La Montaña o degustar alguno de los grandes platos que cocinan en La Fasgarecha, entre otras cosas». Si el tiempo acompaña, alrededor de 200 personas inundarán con aires nuevos cada esquina, el puente romano, las aguas del río Omaña o la ermita, que por cierto el 25 de julio será protagonista merced a la festividad de Santiago Apóstol. «Se sube en romería y se saca en procesión al santo y a la Virgen. Es una gran jornada de convivencia».

Montaña, naturaleza, corrillos en cualquier portal hasta bien entrada la madrugada, un chapuzón a tiempo, su cascada... Fasgar revive en verano, pero su esencia se siente todo el año.

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La población de Fasgar se multiplica en verano llegando a alcanzar la cifra de 200 personas. Todo lo contrario a lo que ocurre el resto del año, donde sólo viven seis.