Tesoros de León


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Tiró la ciudad alli durante siglos lo que le sobraba. Un solar que fue vertedero romano, a desmano, extramuros que hoy es pleno centro. Un basurero que luego fue la más famosa ferretería de León recoge en su interior el rastro de los hombres que habitaron desde antiguo esta tierra. Desde el Paleolítico en adelante. Es Pallarés. Guarda en su interior los tesoros leoneses. Grandes desconocidos.

SUSANA VERGARA PEDREIRA

La ciudad terminaba allí mismo, al borde de la muralla. Y allí aparecieron restos de todas las legiones que pasaron por la ciudad. Era su vertedero, el basurero del León romano. Luego, la ciudad creció, abandonó sus muros, se extendió y ocupó los lugares que de siempre fueron innobles. Y mientras la nobleza seguía su ensoñación en los viejos palacios, la burguesía tomó esta nueva parte de la urbe y construyó allí su historia.

En 1922, el arquitecto Manuel de Cárdenas levantó un imponente edificio. El joven arquitecto había llegado dos décadas antes a León, recién terminada la carrera, para ocupar el puesto de arquitecto municipal de León. Pertenecía a una gran saga, hijo de un periodista de La Habana descendiente de la nobleza criolla y emigrado de Cuba a Madrid, hermano de Ignacio, constructor del Edificio Telefónica en la Gran Vía de Madrid, y de Ramón, abogado, jugador de fútbol y presidente del Atlético de Madrid, dejó enseguida su impronta artística en la ciudad, elegantes edificios que jalonan el nuevo centro de León, el que tomó la plaza de Santo Domingo como su eje y Ordoño II como su guía. Atrás quedaba el León antiguo y empedrado, empecinado en su historia.

Se forjan ahí los nuevos grandes apellidos leoneses, ligados al comercio. Entre ellos, los Pallarés. Pidieron a Cárdenas que levantara el primer gran edificio comercial de la ciudad para unir varios negocios familiares en pleno Ensanche de León, pegado al Casino, hoy la sede del BBV, el lugar que se avistaba ya como la ‘city’.

Se mantuvo abierto como ferretería, como un gran bazar, durante más de 60 años. Pero nunca pensó Cárdenas que acabaría convertido en museo y que sus amplios pasillos, llenos de largos mostradores de madera e imponente sestanterías, serían lugar de exposición de otros utensilios con mucha historia.

El Edificio Pallarés contiene ahora la traza de León. Miles de piezas que dan testimonio de la presencia del hombre en esta tierra desde mucho antes de que los romanos la eligieran para sede de sus legiones. Están ahí las primeras herramientas que usaron los hombres del Paleolítico y el Neolítico, el utillaje metálico de la Edad del Bronce y su máximo exponente, el ídolo de Tabuyo del Monte, los útiles de la Edad del Hierro, restos de la cultura de los castros anterior a la época romana, el poderoso legado de los dominadores, los restos excavados de las ciudades rebeldes como Lancia, las huellas de los recintos militares, con León a la cabeza, y de las urbes ex novo como Astorga, los viejos dioses y la imposición del Cristianismo, el rastro de la Reconquista, los mozárabes, el románico crecido en el reino más pujante de la época, el Cristo de Carrizo, el gótico y el mudéjar, la sobras de Juan de Juni y Luis Salvador Carmona, antiquísimos fósiles o las piezas del lapidario en las que no sólo pesan la historia, también sus más de mil kilos. El Patrimonio histórico leonés metido en un gran almacén. El cobijo de los tesoros de León.

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