Un paseo entre flores


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Tierra agrícola reconocida, los mismos árboles que dan sus frutos son ahora los más ilustrados pinceles que pintan de blancos, rosas, amarillos o verdes intensos un territorio tupido de flores de cerezos, almendros, perales, ciruelos o manzanos. Es primavera en el Bierzo, es momento de pasear, es tiempo de conquista y de dejarse conquistar

MARÍA CARRO

Ya huele a flores en el Bierzo, ya huele a sol, ya llegó la primavera. Almendros, cerezos, ciruelos, perales y también los manzanos han empezado a florecer, perfumando el ambiente inodoro que ha dejado el invierno y tiñendo de colores brillantes lo que hace tan sólo unas semanas no tenía color. Se nota en el olfato y lo comprueba también la vista. A pie de árbol o desde las alturas que ofrecen panorámicas absolutamente recomendables, el Bierzo se ve distinto, se ve arreglado, se ve contento, se ve multicolor. El mirador de Corullón, que en otras épocas sirve a la vigilancia de los cruentos incendios, es ahora un balcón perfecto a un territorio tupido de flores blancas, de rosas de diferente intensidad y de verdes chispeantes. No en vano, es este municipio uno de los más privilegiados, escenario de la floración masiva de las importantes extensiones de cerezos que acumula.

De hecho, hay rutas guiadas que conjugan la floración con el patrimonio. La primera será este mismo domingo, discurrirá entre cerezos en flor y hará parada en las iglesias de San Esteban y San Miguel, así como en el recinto amurallado del Castillo.

Los Barrios de Salas, Rimor, Valtuille, Cacabelos o Carracedelo ofrecen también instantáneas en tiempo real de un espectáculo natural tan impresionante como efímero, porque sus días están contados y perderse la eclosión conlleva un año de espera.

Es verdad que el Bierzo es vistoso en cualquier época del año, pues conjuga factores únicos que otras regiones no tienen. El recién clausurado invierno tiñe las cimas de blanco y dibuja el perfil de una comarca de contrastes, de altas montañas y hondos valles proclives a la agricultura que no sólo da de comer. El otoño es la estación de los ocres y los tonos rojizos que anuncian el pelado de las viñas y la caída de las hojas y el verano es tiempo de verde, pero es ahora, en primavera, cuando más presta el paseo y da igual si se da bajo un paraguas, también con agua la estampa merece la pena.

Después las flores darán pie al fruto que decora el verano. Cerezas, peras, manzanas, uvas blancas o negras y ciruelas cuelgan de los arboles como bisutería y ya no sólo conquistan la vista y el olfato, también el gusto. Por es el Bierzo es privilegiado, por eso invita a los de fuera a dejarse conquistar, porque los de dentro ya están conquistados; por eso dibuja rutas más o menos extensas que permiten descubrir cada rincón desde el Alto Sil hasta el Bierzo Bajo.

Con San Blas llegaron las cigüeñas y en marzo florecen los árboles. Ya es primavera en el Bierzo y eso se nota, se huele, se siete y se saborea. Huele a cerezos y a almendros, huele a sol, huele a perales en flor, huele a lo que huelen las flores y ello ofrece un marco perfecto para conocer la comarca y dejarse seducir por los atributos de esta estación del año. ANA F. BARREDO