Una noche de miedo


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Es una aventura bajo control. Desde 1993, los guías de la empresa leonesa Guheko conducen a El Morticia de Ponferrada cumple 22 años siendo mucho más que un pub. Es un museo del cine más terrorífico, con personajes reconocidos que vigilan cada trago del fiel bebedor. Freddy Krueger, Drácula, Frankenstein, Eduardo Manos Tijeras, el escudero de la máquina de tabaco o el payaso Brit velan por que la noche sea de miedo

MARÍA CARRO

Veintidós años dan para mucho. La historia de este país ha girado 360 grados en las últimas dos décadas, con subidas y bajadas, hitos y errores, pros y contras que no han sido ajenos al Bierzo. La comarca capea el temporal como puede, habiendo perdido en buena parte la ‘chispa’ que convirtió a su capital, Ponferrada, en un hervidero social, sembrado de pubs con buena música y una amplia oferta nocturna que hoy se resiente, pero que aún puede apoyarse en lugares míticos, con historia propia e identidad más que definida. El Morticia, que este fin de semana cumple 22 años, es el mejor ejemplo de ello. Es mucho más que un pub, es un museo del terror bien entendido al que sus propietarios, Óscar Tahoces y Ana Marqués, han dado forma con sus propias manos. Él, artista internacionalmente reconocido en el arte del modelismo, se ha encargado de crear a los personajes que vigilan los tragos del fiel bebedor; mientras que ella ha llevado el peso del diseño y la elaboración de la indumentaria de cada tenebroso inquilino.
Sólo con poner un pie en el Morticia de Ponferrada (Matilde Conesa, 6) el invitado entra de lleno en una película de terror sembrada de reconocidos personajes cinematográficos de Tim Burton, Wes Craven, Cliver Barker o Francis Ford Coppola y otros de cosecha propia que siguen la regla del pánico. La Novia Cadáver recibe a la puerta e invita a pasar al interior donde, ya de primeras, una silla eléctrica y una guillotina con restos de sangre ponen a prueba la capacidad de reacción del invitado. El negro y el rojo dibujan el ambiente, cargado de telas de araña, calaveras, pequeños ataúdes, retratos del imaginario más sobrecogedor y más y más personajes.
No faltan Freddy Krueger, ni Drácula, ni el Eric Draven de ‘El Cuervo’, ni Frankenstein, ni Eduardo Manostijeras, ni la silueta con cuchillo en mano de la asesina de ‘Psicosis’. Precisamente es ésta la que custodia la entrada al baño desde una cortina de ducha. Dentro está Hellraiser y todo salpicado de sangre, las paredes y el lavabo, y la música pensada para este espacio de película eriza el vello, acompañada de sonidos de terror que invitan a quien entra a acabar pronto la faena y no mirarse demasiado en el espejo. Son muchos los ídolos del miedo que conviven entre las cuatro paredes del Morticia, pero quizás una sea el más querido. Se llama Brit y es un payaso, aunque de simpático tiene poco. Él se encarga de pasar revista a todo aquel que se acerca a la máquina del tabaco.
Todo esto y mucho más hacen del Morticia un museo del terror y del cine, también de la buena música. Un pub que se ha reconvertido con el paso de los años y ha cambiado de ubicación pero siempre ha mantenido su esencia, la de sus propietarios. El Metrópolis fue el germen de lo que hoy es el Morticia. Estaba en el Temple y con el tiempo se convirtió en el Morticia Puffo, manteniendo su raíz en el mismo barrio pero en un nuevo local. Años después, el cambio de aires que experimentó esta zona de Ponferrada, llevó la Morticia a dejar atrás su apellido y trasladarse a La Rosaleda. Allí está desde 2010, aportando carácter a la noche ponferradina. Este fin de semana con el Elvis Show de Javier Arias y el concierto de Los Carniceros del Norte; además de un mercadillo al estilo de Camden Town pero con artistas cien por cien bercianos. Una receta propia para un menú que dejará buen sabor de boca.



Un terrorífico payaso vigila la máquina de tabaco, mientras el busto del mítico Frankenstein reposa sobre la barra del bar y un sinfín de calaveras ennegrecen el ambiente, vigilado desde las alturas por personajes como Eduardo Manostijeras o el Drácula de Coppola. En el Morticia cada dellate cuenta una historia.